La victoria electoral de Alternativa para Alemania (AfD) en el estado alemán de Sajonia-Anhalt ha desatado conmoción y horror a nivel internacional, mientras que, al mismo tiempo, ha atraído el apoyo entusiasta de fuerzas de extrema derecha y sectores de la oligarquía internacional.
La AfD aumentó su voto del 20,8 por ciento en 2021 al 43,8 por ciento, convirtiéndose por amplio margen en el partido más fuerte. Ganó 38 de los 41 mandatos directos, y ahora ocupa 39 de los 83 escaños en el nuevo parlamento estatal, apenas a tres escaños de la mayoría absoluta. Los democristianos (CDU), el partido actualmente en el poder a nivel federal, que ha gobernado Sajonia-Anhalt desde 2011 y que en 2021 había alcanzado el 37,1 por ciento, se desplomó al 17,2 por ciento.
Los demás partidos establecidos también sufrieron una debacle. Los socialdemócratas (SPD), que gobiernan en coalición con la CDU/Unión Social Cristiana a nivel federal, obtuvieron un 9,3 por ciento; los Verdes, un 8,9 por ciento; y el partido Die Linke (La Izquierda), un 8,6 por ciento. La Alianza Sahra Wagenknecht (BSW), que competía por primera vez en una elección estatal, aseguró por poco un lugar en el Parlamento estatal con un 5,3 por ciento. La CDU, el SPD y los Verdes, que antes gobernaban juntos, suman ahora en conjunto apenas un 35,4 por ciento, más de ocho puntos porcentuales menos que la AfD por sí sola.
Si bien la AfD no es un partido fascista de masas, su ideología etnonacionalista, su cosmovisión racista y su programa político están estrechamente vinculados a la tradición nazi. Su ascenso constituye una acusación contra todo el sistema capitalista. No puede entenderse como un fenómeno puramente alemán, ni como una peculiaridad de un pequeño estado federado de Alemania Oriental con 1,7 millones de electores habilitados. El éxito electoral de la AfD forma parte de un giro internacional hacia la derecha entre las élites gobernantes.
El mundo se encuentra en un punto de inflexión histórico. En ningún otro lugar del mundo el fascismo ha demostrado tan abiertamente los crímenes aborrecibles de los que es capaz como en Alemania. El asesinato sistemático de 6 millones de judíos, la guerra de aniquilación contra la Unión Soviética, con al menos 27 millones de muertos, el aplastamiento del movimiento obrero y el establecimiento de un régimen de terror por parte de los nazis siguen considerándose hoy la máxima expresión de los crímenes de lesa humanidad.
La intensificación de la guerra, la crisis económica y la polarización social ya no permiten las concesiones sociales ni la democracia. Por eso, la clase dominante en todos los principales países capitalistas está recurriendo a métodos fascistas de gobierno. La presidencia de Donald Trump en EE.UU., la condición de Marine Le Pen como favorita en la elección presidencial francesa, el gobierno de Giorgia Meloni en Italia y la influencia creciente de Vox en España son todas expresiones de la misma tendencia.
Nadie debería dejarse engañar por el discurso de un “cortafuegos” contra la AfD. Los partidos establecidos han allanado el camino para la AfD, y cooperarán con ella. Han sentado el terreno político e ideológico sobre el cual prospera la AfD.
Historiadores como Jörg Baberowski llevan años reescribiendo la historia de la Segunda Guerra Mundial y trivializando los crímenes de los nazis. En Ucrania, el gobierno alemán financia a un régimen que venera como héroes a colaboracionistas nazis, cuyas manos están manchadas con la sangre de decenas de miles de judíos, comunistas y polacos. En Gaza, apoya un genocidio. La UE ha convertido a Europa en una fortaleza en cuyos muros mueren miles de refugiados cada año, poniendo así en práctica las políticas de la AfD.
Los sindicatos, el SPD y Die Linke cargan con la principal responsabilidad por el ascenso de la AfD. Impiden sistemáticamente que la resistencia contra la guerra y la desigualdad social encuentre expresión en la izquierda. Apoyan los despidos, los recortes a los servicios sociales y una política de guerra, y sofocan toda resistencia a estas medidas. De esta manera, le permiten a la AfD presentarse como opositora al establishment político y como partido antibélico.
Apenas tres días antes de la elección de Sajonia-Anhalt, IG Metall demostró una vez más que los sindicatos sirven a los intereses de las corporaciones, no a los de los trabajadores. Acordó, a espaldas de los trabajadores, la pérdida de 75.000 empleos en Volkswagen.
El SPD ha cortado desde hace tiempo todo vínculo con sus raíces en el movimiento obrero y, en el gobierno de Merz, es responsable del rearme y de los recortes a los servicios sociales, a través de su control de los ministerios de Defensa, Finanzas y Trabajo.
Die Linke y su predecesor, el Partido del Socialismo Democrático, han desempeñado un papel clave en la destrucción de empleos y servicios públicos durante los últimos 35 años en el este de Alemania, donde en ocasiones fueron el partido más fuerte.
La AfD ha sacado provecho de todo esto. Los sondeos a boca de urna refutan la idea de que el 44 por ciento de la población de Sajonia-Anhalt se haya convertido de pronto en firmes extremistas de derecha. Además de los temas tradicionales de derecha, como la seguridad interna y la inmigración, el bienestar social, la economía y la paz desempeñaron un papel decisivo en la decisión de votar por la AfD. Según encuestas de Infratest dimap, el 20 por ciento de los votantes de la AfD sostiene posiciones de extrema derecha, y otro 18 por ciento tiene una cosmovisión claramente de derecha. Para el 62 por ciento restante, sin embargo, este no es el caso. Muchos votaron por el partido en protesta contra las políticas de guerra y austeridad del gobierno federal.
En realidad, por supuesto, la AfD no está en contra ni de la guerra ni de los recortes al gasto social. Fue el primer partido en pedir un aumento del gasto en defensa hasta el 5 por ciento del PIB, y exige la estricta adhesión al freno a la deuda. La propiedad privada capitalista y las ganancias son sagradas para ella. Representa los intereses del capital en su forma más agresiva. Las felicitaciones de Donald Trump y Elon Musk por su victoria electoral en Sajonia-Anhalt hablan más fuerte que cualquier consigna electoral. El nacionalismo económico de la AfD sirve para imponer, por medio de la guerra, los intereses de los oligarcas y los monopolios, tal como bajo Hitler.
Bajo la presión de los aranceles estadounidenses, la competencia china, el aumento del gasto en defensa y los déficits presupuestarios disparados, la crisis del capitalismo europeo se intensifica día tras día. El desmantelamiento completo de los sistemas de pensiones, salud y educación —por los cuales lucharon los trabajadores en las grandes luchas de clases de las décadas de posguerra— se vuelve inevitable para los capitalistas, si han de defender su riqueza y sus ganancias.
Lo mismo se aplica a la escalada de la guerra en Ucrania. El imperialismo alemán, en particular, considera crucial una derrota rusa para satisfacer su hambre de materias primas y expansión, y está dispuesto a arriesgarse a una guerra nuclear en el proceso.
Para llevar adelante esta agenda, la clase dominante corteja a los fascistas. La clase obrera debe dar su propia respuesta y construir una dirección política independiente. El Partido Socialista por la Igualdad declaró, en su declaración previa a la elección:
Este giro hacia la derecha no puede ser detenido mediante maniobras parlamentarias entre los partidos gobernantes. Lo que se necesita es una ofensiva independiente de la clase obrera, dirigida contra la guerra, los recortes al gasto social y su causa raíz, el capitalismo. Semejante ofensiva le arrebataría a la AfD el terreno social sobre el cual hoy propaga su demagogia, y dejaría al descubierto las divisiones de clase: la AfD no representa los intereses de la gente común, sino que está del lado del capital, el militarismo y el Estado autoritario.
Las condiciones objetivas para semejante ofensiva se desarrollan con rapidez. La resistencia contra las políticas de guerra y austeridad del gobierno alemán está creciendo. Lo que falta es una perspectiva y una dirección socialistas independientes. La lucha contra la AfD exige una ruptura política con Die Linke y los sindicatos, que se empeñan en encadenar a la clase obrera al cadáver en putrefacción del capitalismo agonizante.
El Partido Socialista por la Igualdad (SGP, por sus siglas en alemán) se presenta a las elecciones a la Cámara de Representantes de Berlín, el 20 de septiembre, para construir semejante movimiento. No hace llamados vacíos a los belicistas, sino que organiza la resistencia contra los despidos, los recortes salariales y los recortes al gasto social, y, junto con sus partidos hermanos en el Comité Internacional de la Cuarta Internacional, construye un movimiento mundial contra la guerra y el capitalismo.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 07/09/2026).
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