Las fuertes derrotas sufridas por la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y el Partido Socialdemócrata (SPD) en las tres elecciones estatales de septiembre han sumido al gobierno federal —una gran coalición formada por ambos partidos— en una profunda crisis.
La CDU perdió su derecho a ocupar la jefatura de gobierno en Sajonia-Anhalt y Berlín, y en Mecklemburgo-Pomerania Occidental quedó fuera del parlamento estatal por primera vez en su historia, al no haber superado el umbral del cinco por ciento requerido para obtener representación. En Berlín, que alguna vez fue un bastión socialdemócrata, el SPD quedó en quinto lugar, detrás de Die Linke (Partido de Izquierda), la CDU, el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) y los Verdes; y en Sajonia-Anhalt se mantuvo por debajo del 10 por ciento.
Los resultados de las elecciones estatales constituyen un claro voto en contra del rearme, la guerra y los recortes sociales, que constituyen el núcleo de las políticas del gobierno federal. Los recortes previstos o ya acordados en las pensiones, la atención médica, los cuidados a largo plazo y las prestaciones sociales están destruyendo los medios de vida de innumerables personas, mientras que la escalada de la guerra contra Rusia y el apoyo al genocidio en Gaza encuentran un amplio rechazo entre la población.
Pero la CDU y el SPD no están respondiendo a la debacle electoral haciendo concesiones a los votantes ni reduciendo sus planes de guerra y recortes drásticos. No están dispuestos a desviarse ni un milímetro de su rumbo político. Por el contrario, están dando nuevos pasos hacia la guerra y la dictadura.
Su reacción demuestra que ya no es posible influir en la política del gobierno mediante el voto o la presión de las calles, debido a la crisis insoluble del capitalismo global. La defensa de las ganancias y las fortunas de miles de millones, y la encarnizada lucha internacional por las materias primas, la mano de obra barata y los mercados, exigen que todos los ámbitos de la sociedad se subordinen a la búsqueda de ganancias y a la preparación para la guerra.
La clase dominante alemana se vio obligada a hacer concesiones sociales debido a sus crímenes en la Segunda Guerra Mundial y a las grandes luchas de clase de las décadas de 1960 y 1970. Dichas concesiones ya no son compatibles con el sistema capitalista de ganancias. Todos los partidos que defienden el capitalismo se someten a este dictado —no solo la CDU y el SPD, sino también los Verdes y Die Linke. La AfD y su modelo a seguir, Donald Trump, encarnan los intereses del capital en su forma más extrema.
De esto hay que sacar las conclusiones necesarias. La lucha contra la guerra, los despidos masivos y los recortes sociales generalizados requiere la movilización independiente de la clase trabajadora internacional sobre la base de un programa socialista orientado a la abolición del capitalismo. Todos los demás métodos están condenados al fracaso.
CDU: cerrando filas con la AfD y acelerando los recortes sociales
Se multiplican las voces dentro de la CDU que piden un acercamiento político con la AfD para reprimir la creciente resistencia social.
La filial estatal de la CDU en Sajonia-Anhalt está dividida respecto a esta cuestión. Algunos miembros del parlamento estatal abogan por una cooperación parcial con la AfD y rechazan rotundamente colaborar con Die Linke, lo cual sería necesario para formar una mayoría en contra de la AfD.
En la elección del presidente del parlamento estatal, el candidato de la AfD, Tobias Rausch —a quien también había respaldado la Alianza Sahra Wagenknecht (BSW)— recibió cuatro votos más de los que sumaron la AfD y la BSW juntas. Es muy probable que esos cuatro votos provinieran de la CDU. El ideólogo de extrema derecha Hans-Thomas Tillschneider también fue elegido vicepresidente del parlamento estatal con cinco votos más de los que tiene la AfD. Las posibilidades de que Ulrich Siegmund se convierta en el primer gobernador estatal de la AfD a mediados de diciembre han aumentado considerablemente.
El canciller Friedrich Merz ha rechazado públicamente hasta ahora la cooperación con la AfD, pero esto se debe únicamente a razones de política exterior, ya que algunos políticos de la AfD mantienen relaciones estrechas con Rusia. En materia de política interna, la CDU y la AfD llevan mucho tiempo de acuerdo. El gobierno de Merz está poniendo en práctica la inhumana política de refugiados de la extrema derecha y construyendo un estado policial.
Ahora también hay voces influyentes en la CDU a nivel federal que abogan por un acercamiento con la AfD. El primer ministro de Hesse, Boris Rhein, por ejemplo, se distanció del término “cortafuegos”, que se refiere a la negativa formal de la CDU a cooperar con la AfD. En cambio, se debería “desmitificar” a la AfD en los temas integrándola en las rutinas parlamentarias.
Manfred Weber, vicepresidente de la Unión Social Cristiana (CSU), también se ha pronunciado a favor de abolir el “cortafuegos”. Según él, era una “enorme carga” para la CDU/CSU, ya que obligaba al partido en los parlamentos estatales a coordinarse con partidos de izquierda. Como presidente del grupo del Partido Popular Europeo (PPE) en el Parlamento Europeo, Weber lleva mucho tiempo colaborando con partidos de extrema derecha. Mantiene relaciones cercanas con el gobierno italiano de la neofascista Giorgia Meloni, a quien ha apoyado en su campaña electoral.
En vísperas de las elecciones en Sajonia-Anhalt, el propio Merz ya había declarado que no se dejaría influir por los resultados electorales y que aceleraría los recortes sociales, algo que ha repetido varias veces desde entonces.
El domingo pasado, la dirección de la CDU se reunió en un retiro a puerta cerrada de dos días para sacar conclusiones de las derrotas electorales y rechazar los llamados a la renuncia de Merz. Se aprobó un documento de varias páginas, titulado “Lo que debe suceder ahora”, que incluye autocrítica en su preámbulo y promete cambios.
Gran parte de la población tenía la impresión de que las cosas ya no eran justas en Alemania, dijo Merz. Pero los planes de la CDU agravan la injusticia. En el centro del documento se encuentran la “mejora de la competitividad”, la “viabilidad futura de la seguridad social” y el “orden y la seguridad”: las típicas frases hechas para justificar el aumento del ritmo de trabajo y la reducción de los salarios, el desmantelamiento de las prestaciones sociales y la construcción de un estado policial.
La única “concesión” mencionada en el documento es una reducción de dos centavos por kilovatio-hora en el impuesto a la electricidad para los hogares particulares. Esto ya se había prometido en el acuerdo de coalición antes de que la CDU y el SPD asumieran el gobierno, pero luego se descartó debido a la falta de fondos. Para un hogar de tres personas con un consumo promedio de electricidad, ¡esto equivale a un ahorro de 70 euros [78 dólares estadounidenses] al año! Eso apenas alcanza para compensar el aumento en el precio de un tanque de gasolina.
El martes, Merz se dirigió a su verdadera clientela en la conferencia del Día de los Empleadores. Ante el llamado de Rainer Dulger, presidente de la Confederación de Asociaciones de Empleadores Alemanes (BDA), para que se aceleraran las “reformas” y se “fortaleciera la economía”, Merz se mostró de acuerdo.
El canciller prometió que se eliminaría la opción de jubilarse con una pensión completa dos años antes de la edad legal (es decir, a los 65 años) tras 45 años de cotización, se aceleraría la introducción de un sistema de pensiones de capitalización y se flexibilizarían las protecciones contra el despido. Se crearían nuevas posibilidades para los contratos de plazo fijo, se flexibilizarían los horarios de trabajo, se eliminaría la jornada de ocho horas y se reemplazaría por un tiempo máximo de trabajo semanal, y los cuidados a largo plazo dependerían cada vez más de la oferta privada.
SPD: la retirada de Bärbel Bas
El SPD también está respondiendo a sus derrotas electorales en Sajonia-Anhalt y Berlín con un nuevo giro hacia la derecha. Con las carteras de Defensa, Finanzas y Trabajo, ostenta los ministerios clave para el rearme y los recortes sociales en el gobierno de Merz. Ahora se está reorganizando para desempeñar este papel de manera más eficaz. Tras la renuncia sorpresa de la colíder y ministra de Trabajo, Bärbel Bas, el partido ha convocado un congreso extraordinario para diciembre o enero con el fin de elegir una dirección completamente nueva.
Bas fue nombrada ministra de Trabajo debido a sus orígenes en una familia de clase trabajadora de Duisburgo y a sus críticas ocasionales a los recortes sociales. Se la consideraba la más capaz de imponer los recortes sociales decididos por la coalición —que ella misma apoya sin reservas— frente a la resistencia de la clase trabajadora.
Para parecer más creíble, Bas criticaba ocasionalmente al canciller. Por ejemplo, calificó públicamente de “tontería” la afirmación de Merz de que Alemania ya no podía permitirse el estado de bienestar, y cuestionó recortes específicos como la eliminación de la jubilación con pensión completa tras 45 años de cotización. Esto provocó tensiones crecientes con la CDU, que la acusó de utilizar tácticas dilatorias.
Con su renuncia, Bas ha despejado el camino para que la reforma de las pensiones se lleve a cabo sin concesiones. Justificó su renuncia haciendo referencia a un duelo en su familia inmediata con el que, según dijo, tenía que lidiar, pero al mismo tiempo acusó a la CDU de haber “intensificado aún más” los ataques contra ella “en este momento difícil para mí personalmente”. Ella deseaba un sucesor que “impulsara con toda su fuerza las próximas leyes y los proyectos de reforma”. Su sucesor, el ex primer ministro del estado de Renania-Palatinado, Alexander Schweitzer, ya se ha comprometido a hacer precisamente eso.
El gobierno también cuenta con el apoyo de Die Linke en este sentido, que está haciendo todo lo posible para garantizar que la resistencia a los recortes sociales y a la guerra no llegue a nada. En los dos estados del este de Alemania, donde Die Linke ha desempeñado un papel en el sostenimiento del estado durante décadas, fue principalmente la AfD de extrema derecha la que se benefició del descontento contra el gobierno federal ante la ausencia de una alternativa de izquierda. En Berlín, Die Linke se convirtió por primera vez en el partido más fuerte.
Die Linke fue elegida porque hizo campaña contra los “tiburones de las rentas” y exigió expropiaciones; sin embargo, ahora se prepara para liderar una coalición con el SPD y los Verdes que continuará con las políticas del anterior Senado (gobierno estatal de Berlín) liderado por la CDU. Para resultar aceptable para el SPD y los Verdes como socio de coalición, Die Linke ya ha descartado gran parte de su programa electoral y se ha comprometido a expulsar de su grupo parlamentario a quienes se opongan al genocidio de Israel en Gaza.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 15 de octubre de 2026)
