La cumbre de la UE celebrada el jueves y el viernes en Bruselas fue una muestra de la peligrosa escalada de la crisis bélica internacional. Mientras que la administración de Trump, en medio de su conflicto con las potencias europeas, busca —al menos por el momento— cierto acuerdo con Rusia, los gobiernos de la UE, encabezados por Berlín, presionan para que continúe y se amplíe la guerra en Ucrania. Quieren asumir ellos mismos una parte cada vez mayor de las cargas financieras y militares y convertir a Europa en una potencia militar independiente.
Esto va acompañado de una escalada que amenaza con provocar una guerra directa entre la OTAN y Rusia, incluida una guerra nuclear. Al mismo tiempo, las discusiones de la cumbre sobre rearme, “competitividad”, guerra comercial y migración subrayan que la campaña bélica en el exterior está indisolublemente ligada a ataques sociales intensificados y medidas autoritarias en el interior.
Conflictos entre Washington y Europa
En el centro de la cumbre estuvo el apoyo demostrativo al presidente ucraniano Volodymyr Zelensky. Tras un acuerdo con Putin sobre el suministro de diésel ruso, Trump había suavizado las sanciones y criticado los ataques ucranianos contra las refinerías de petróleo rusas. También exigió un cambio en el liderazgo de Ucrania. Los gobiernos europeos, por el contrario, están decididos a continuar los ataques contra la infraestructura energética de Rusia y a endurecer las sanciones.
El presidente del Consejo Europeo, António Costa, declaró el viernes, junto a Zelensky: “Ahora no es momento de retirar el apoyo a Ucrania. Ahora no es momento de suavizar las sanciones contra Rusia”. Por el contrario, la UE debe aumentar su apoyo y la presión sobre Rusia. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, anunció los preparativos para un vigésimo segundo paquete de sanciones.
El gobierno alemán está adoptando una postura particularmente agresiva. El canciller Friedrich Merz declaró que la UE debe “una vez más... aumentar” su financiamiento para Kiev con el fin de “brindar apoyo duradero” a Ucrania. Esto era necesario, dijo, para defender “el orden político de Europa”. El conflicto con Washington ahora también se refiere al control sobre aproximadamente 210 mil millones de euros en activos congelados del banco central ruso en Europa. Según los informes, los negociadores estadounidenses quieren utilizar parte de estos activos en las negociaciones con Moscú. Merz rechazó esto de manera tajante: “Es asunto nuestro, y nosotros decidiremos al respecto”.
Detrás de estas diferencias se esconden intereses geoestratégicos y económicos rivales. Las potencias europeas temen que Trump pueda llegar a un acuerdo con Putin que socave sus propios objetivos de guerra y su influencia en Europa del Este. Al mismo tiempo, el esfuerzo bélico de Ucrania sigue dependiendo de la tecnología militar y el apoyo de inteligencia estadounidenses. Los informes sobre restricciones al sistema satelital Starshield demuestran esta dependencia de manera particularmente cruda.
Cada vez más miles de millones para la guerra
Zelensky estimó los costos de la guerra de Ucrania para 2027 en 155 mil millones de euros y exigió al menos 70 mil millones de euros en apoyo europeo adicional. Con este dinero, Ucrania podría producir entre dos y tres veces más drones y aumentar masivamente la presión militar sobre Rusia. La UE ya ha puesto en marcha un préstamo de 90 mil millones de euros para 2026 y 2027. En Bruselas no se tomó ninguna decisión sobre las nuevas demandas de miles de millones; se le ha encomendado a la Comisión la tarea de desarrollar opciones de financiamiento.
La magnitud de las sumas ya movilizadas es enorme. Según un estudio del Instituto de Economía Mundial de Kiel, el gobierno alemán estima que su apoyo a Ucrania hasta la fecha, incluidos los compromisos, asciende a unos 100 mil millones de euros. Aproximadamente 41,7 mil millones de euros se registran como ayuda directa a Ucrania, mientras que otros 22 mil millones consisten en compromisos militares futuros y posibles gastos. En conjunto, esto asciende a 63,7 mil millones de euros, de los cuales aproximadamente 56,3 mil millones son ayuda militar. Además, se han gastado 35,9 mil millones de euros, principalmente en refugiados ucranianos en Alemania. Aún no se han desembolsado todos los fondos presupuestados registrados.
El enfoque político del estudio de Kiel es revelador. Bajo un titular que destaca que “solo” 41,7 mil millones de euros se destinaron realmente a Ucrania, subraya que el gasto en refugiados “no apoya al gobierno ucraniano en su defensa”. Esta yuxtaposición por sí sola deja clara la orientación política: mientras que el apoyo a los refugiados y otros gastos sociales enfrentan una presión creciente para que se realicen recortes, se movilizarán sumas cada vez mayores para el esfuerzo bélico. A esto se suman cientos de miles de millones más que se destinarán a los presupuestos militares en los próximos años.
Preparativos concretos para una guerra entre la OTAN y Rusia
Paralelamente a la cumbre, la confrontación militar se está intensificando. El comandante supremo aliado de la OTAN en Europa, Alexus Grynkewich, presentó en Varsovia su “Teoría de la victoria”: “Bloquear, Atemperar, Romper”. Un posible ataque debe ser primero repelido, luego deben ser aplastadas las fuerzas armadas enemigas y, finalmente, deben ser inhabilitadas las estructuras de mando, abastecimiento y producción que las respaldan. Grynkewich describe la estrategia como defensiva, pero en una guerra a gran escala las operaciones planeadas podrían extenderse profundamente en territorio ruso. El elogió a Alemania como el “motor de la OTAN”.
Al mismo tiempo, la OTAN llevó a cabo esta semana en Italia el ejercicio de guerra nuclear “Steadfast Noon”, en el que participaron 17 países, incluidos aviones de combate Tornado alemanes. La OTAN lo describe como un ejercicio de rutina sin armas nucleares reales. Sin embargo, ensayó procedimientos para operaciones nucleares en un momento en que los riesgos de escalada están aumentando rápidamente.
Rusia está respondiendo a las constantes provocaciones de la OTAN con amenazas nucleares. A principios de octubre, Putin advirtió que Rusia podría utilizar todo su arsenal en caso de un bloqueo de Kaliningrado. Ahora, el diputado de la Duma Estatal Alexei Zhuravlyov ha declarado a Lenta.ru que, en caso de un ataque de la OTAN, los ataques nucleares rusos podrían apuntar a las sedes de la OTAN, así como a las bases de armas nucleares estadounidenses en Alemania, Bélgica, Italia y Turquía. La amenaza de Zhuravlyov no es una declaración oficial del gobierno. No obstante, sus comentarios demuestran cuán concretamente algunos sectores de la clase dirigente rusa están discutiendo la guerra nuclear en Europa.
Los analistas militares rusos advierten que la estrategia de la OTAN podría servir como pretexto para ataques “preventivos”. Establecen paralelismos con la guerra de aniquilación de Hitler contra la Unión Soviética, que la propaganda nazi también justificó como “defensa” contra un supuesto ataque soviético planeado.
Independientemente del calendario específico de la OTAN para la guerra, las amenazas mutuas ya demuestran que una escalada podría salirse rápidamente de control. En el Mar Negro, Rumania y Bulgaria exigen medidas adicionales de la OTAN contra Rusia tras los ataques con drones contra buques mercantes.
Rearmamento y devastación social
La respuesta de Europa a la guerra y a la crisis de su alianza con Washington es un gigantesco programa de rearmamento. El programa “ReArm Europe” tiene como objetivo hacer posible un gasto adicional en defensa de hasta 800 mil millones de euros para 2030, mientras que el programa SAFE proporciona 150 mil millones de euros en préstamos. En Alemania, el gasto en defensa aumentará a aproximadamente 140 mil millones de euros en 2027, y superará con creces los 200 mil millones de euros en 2029. El gobierno alemán quiere convertir a la Bundeswehr en el ejército convencional más fuerte de Europa.
Estas sumas tienen consecuencias sociales inmediatas. Mientras se relajan las normas de endeudamiento para el rearme, los gobiernos europeos están llevando a cabo recortes históricos en las prestaciones sociales y los servicios públicos. Bajo el lema de la “competitividad”, la cumbre de la UE adoptó medidas de desregulación, procedimientos de aprobación acelerados y una mayor reestructuración económica. Se están eliminando empleos a gran escala, se recortan los salarios y se deterioran las condiciones laborales.
La UE también quiere crear nuevos instrumentos de política comercial para tomar medidas más duras, particularmente contra China. Merz afirmó que se le había otorgado un mandato a la Comisión con este fin. Von der Leyen anunció restricciones adicionales a las importaciones.
El debate sobre la migración en la cumbre también reveló su orientación reaccionaria. Italia, Dinamarca y Polonia atacaron el plan de España de legalizar el estatus de residencia de alrededor de 600.000 migrantes. Las discusiones incluyeron el endurecimiento de las disposiciones de detención en los procedimientos fronterizos y la suspensión de las solicitudes de asilo en tiempos de crisis. En el Medio Oriente, en el contexto de la guerra de agresión de Estados Unidos e Israel contra Irán, la cumbre se centró sobre todo en asegurar las rutas comerciales y energéticas.
A medida que la UE avanza en su ofensiva bélica global y en su agenda interna reaccionaria, crecen las tensiones entre las potencias imperialistas europeas. La disputa sobre el próximo presupuesto de la UE para el período 2028-2034 puso de manifiesto estas rivalidades. Los contribuyentes netos, como Suecia, se niegan a aceptar las mayores contribuciones que se les exigen, mientras que la UE busca movilizar fondos adicionales para proyectos estratégicos y militares. Aún no se ha llegado a un acuerdo.
La escalada extrema de la guerra es también una respuesta a la creciente oposición social y política en Europa. En Francia, España y otros países, se están desarrollando protestas masivas y huelgas contra los recortes sociales, el militarismo y las medidas autoritarias. Ante la profunda crisis de los partidos establecidos, las clases dominantes intentan desviar esta oposición hacia el exterior mediante la propaganda bélica y el nacionalismo, y obligar a la población a alinearse con sus políticas bélicas.
Pero este rumbo no hará más que intensificar aún más los antagonismos sociales. Los gigantescos gastos militares, la destrucción de empleos y prestaciones sociales, y los crecientes ataques contra los derechos democráticos no extinguirán la resistencia de la clase trabajadora y la juventud, sino que la avivarán aún más. Al mismo tiempo, la escalada de la confrontación con Rusia amenaza con sumir a toda Europa en una guerra mundial nuclear.
La tarea decisiva es dotar a la creciente oposición de una perspectiva socialista independiente.
La clase trabajadora debe organizarse independientemente de los partidos establecidos y unir sus luchas más allá de todas las fronteras nacionales contra el capitalismo, el militarismo y la guerra. Hay que oponerse al proyecto nacionalista y militarista de los gobiernos europeos con la lucha por los Estados Socialistas Unidos de Europa.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 16 de octubre de 2026)
