Los trabajadores de base del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) se reunieron en la Ciudad de México el domingo 18 de octubre para su segunda asamblea general, en la que votaron a favor de unificar todas las corrientes de su movimiento en “un único frente nacional de lucha”. La asamblea ratificó una marcha nacional para el miércoles 21 de octubre, que partirá del Centro Médico Nacional Siglo XXI, y convocó una tercera asamblea para el domingo 25 de octubre.
Los trabajadores organizan una megamarcha para exigir un aumento salarial del 10 por ciento directamente sobre su sueldo base, la contratación de personal, medicamentos y suministros, y la destitución de la dirigencia sindical. Marcharán por el Paseo de la Reforma hasta el Zócalo, acompañados por maestros de la CNTE y jubilados de Pemex.
La asamblea y la marcha constituyen la más reciente etapa de una rebelión de cinco semanas contra el sindicato y el gobierno. Los trabajadores del IMSS irrumpieron en la sede de su sindicato el 1 de octubre, se declararon en huelga y organizaron manifestaciones frente a ella entre el 8 y el 10 de octubre, ocuparon sedes sindicales en al menos siete estados y, el 14 de octubre, rechazaron por un amplio margen el acuerdo salarial del sindicato. Su revuelta forma parte, a su vez, de una importante escalada de la lucha de clases a nivel internacional, que incluye las protestas masivas contra los recortes sociales, el costo de la vida y la guerra en Francia, España, Italia y otros países.
La asamblea se reunió mientras la dirección del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Seguridad Social (SNTSS) y el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum trabajan para impedir que la lucha llegue a manos de los trabajadores. Desde la votación, el secretario general del SNTSS, Rafael Olivos, y la directora del IMSS, Zoé Robledo, han mantenido negociaciones a puerta cerrada, y el sindicato ha solicitado a las autoridades laborales que pospongan la fecha límite para la huelga hasta el 15 de noviembre, “para continuar las negociaciones, alcanzar un acuerdo y evitar que estalle una huelga”.
En las asambleas, se ha evitado en gran medida la cuestión de una huelga nacional con la esperanza de que las manifestaciones y el voto negativo presionaran a la burocracia para convocar un congreso extraordinario, con la participación de los representantes de base, a través del cual el movimiento pudiera apelar al gobierno. Sin embargo, la continua intransigencia de la burocracia y el gobierno indica ahora que solo una acción decisiva garantizará que el movimiento alcance la victoria.
Los trabajadores solo pueden imponer sus demandas mediante la lucha de masas, y eso requiere organizaciones propias, independientes del aparato sindical y de todas las fuerzas políticas que lo defienden, así como un liderazgo político consciente.
La segunda asamblea
La segunda asamblea se llevó a cabo frente al SNTSS en oposición a su burocracia. Su comunicado de prensa, firmado como “Resistencia IMSS”, declaró que “todos los movimientos, las 37+1 corrientes de pensamiento, colectivos y trabajadores del IMSS” habían entrado en “unidad formal y articulada”. Asimismo, anunció una “Mañanera de la Resistencia” para responder a la rueda de prensa matutina diaria de la presidenta con informes desde los hospitales.
La asamblea aprobó cinco medidas ejecutivas por unanimidad, y cuatro de ellas apuntaban al potencial para el surgimiento de nuevas formas de organización independientes con respecto al aparato sindical y el gobierno: la elección de representantes en cada unidad, redes para defender a los trabajadores contra el “acoso, la represión, la censura, la intimidación o las sanciones administrativas”, la democratización de los portavoces y la autogestión de la lucha mediante contribuciones de las bases “en especie o en tiempo”.
Sin embargo, la quinta medida ejecutiva promete que la lucha se llevará a cabo sobre una base legal, adhiriéndose a “la hoja de ruta y el instrumento legal” para respaldar “cada acción y postura adoptada por el movimiento”.
Los “objetivos irrenunciables” de la asamblea son la destitución de Olivos y su comité, un Congreso Nacional Extraordinario, una revisión salarial y la “elección transparente de nuevos representantes genuinos”. Según Mery Barragán, enfermera de la Sección III de Jalisco y líder del grupo 37+1, conformado por un trabajador de base de cada una de las 37 secciones del sindicato y un jubilado, los representantes de la unidad conformarán “el comité que asistirá al Congreso”.
La exigencia de destituir a Olivos y convocar un congreso extraordinario representa un importante avance, y la indignación que la suscita está plenamente justificada. Sin embargo, los “nuevos representantes genuinos” seguirían enfrentándose al mismo gobierno liderado por la presidenta Sheinbaum, quien ha rechazado de facto las demandas de los trabajadores en materia presupuestaria, insistiendo en que cualquier nueva oferta debe mantenerse “siempre dentro de los límites de lo posible”.
Lo que los trabajadores necesitan no son nuevos rostros al frente del mismo aparato, sino nuevas organizaciones de lucha que no acepten los límites, incluidos los legales, que el Estado y el aparato sindical imponen a su capacidad de organizarse y hacer huelga fuera de las estructuras sindicales oficialmente reconocidas.
La cuestión de la huelga nacional
El 18 de octubre, la enfermera Barragán publicó en Facebook los acuerdos de la asamblea con una “Aclaración de dudas sobre la huelga”: “No hay intención por parte del movimiento de llevar a cabo una huelga”. Instó a los trabajadores a no hacer caso a “los comités de huelga que han mencionado los delegados de sus unidades”.
El 20 de octubre, el grupo 37+1 exigió que sus miembros “formaran parte activa y representativa” de la mesa de negociación entre el sindicato y el IMSS. La exigencia de que representantes de las bases participen en dicha mesa es legítima. Lo que determinará el resultado es la fuerza que la impulsa: un acuerdo impuesto al gobierno por la movilización popular es muy diferente de uno alcanzado por la burocracia “dentro de lo posible”.
Muchos trabajadores temen, con razón, que solo el sindicato pueda convocar una huelga legalmente reconocida, y que una huelga al margen de él podría acarrear despidos. Según los estatutos del sindicato, una huelga requiere una mayoría de dos tercios, en manos del mismo aparato que aprobó la traición por 1056 votos contra 260. El marco legal, como es lógico, aleja la posibilidad de cualquier huelga. Un congreso que sea verdaderamente controlado por los trabajadores solo puede ser conquistado mediante el poder organizado de las bases.
En una entrevista radiofónica, Barragán lo calificó de “un movimiento sano y pacífico” que “es apolítico”. Este planteamiento solo sirve para desarmar políticamente a los trabajadores, que luchan contra un Estado que utilizará la ley, la policía, ya desplegada en las calles de la capital, y la mordaza impuesta por el sindicato en su contra.
La afirmación de Sheinbaum de que los trabajadores del IMSS están siendo manipulados por los partidos de oposición de derecha es un intento cínico de intimidarlos para que no rompan políticamente con Morena: o están con ellos o están con nosotros. Los trabajadores deben rechazar a toda la élite política burguesa en su conjunto y, al mismo tiempo, impulsar su propia política independiente.
Declarar que el movimiento es apolítico deja el camino libre al partido Morena de Sheinbaum, que está estableciendo los límites de lo que es “posible”.
Esos límites los establece el presupuesto de Sheinbaum para 2027. El 15 de octubre, la Comisión de Seguridad Social de la Cámara de Diputados —presidida por Arturo Olivares Cerda, diputado de Morena que dirigió el SNTSS antes que Olivos y cuyo suplente registrado es el propio Olivos— aprobó el presupuesto que mantiene el gasto en salud en el 2,9 por ciento del PIB, mientras que el servicio de la deuda representa aproximadamente el 4 por ciento. Adjuntó una simple recomendación de 1.000 millones de pesos más para el IMSS, aproximadamente el 0,06 por ciento de los 1,66 billones de pesos presupuestados para la seguridad social.
El sentimiento a favor de una acción decisiva va en aumento. “¿Por qué seguimos dándoles más oportunidades?”, preguntó un trabajador en un grupo de trabajadores del IMSS. “Ya deberíamos estar en huelga para que sean ellos quienes sientan la presión, no nosotros”.
El camino a seguir
La prórroga del 15 de noviembre es una maniobra para ganar tiempo y desmovilizar el movimiento. Pero las bases ya se han declarado en huelga por iniciativa propia, y en Chihuahua los trabajadores mantuvieron la atención de urgencias mientras suspendían los servicios ambulatorios. La tarea consiste en prepararla desde abajo para generalizar los paros a nivel nacional: elegir comités de base en cada hospital, clínica y departamento, con delegados que puedan ser revocados; crear un fondo de huelga y redes contra las represalias; organizar la atención de urgencias; y obtener el apoyo de los trabajadores del IMSS- Bienestar y del ISSSTE (Instituto de Seguridad Social y Servicios para los Trabajadores del Estado), maestros, trabajadores petroleros y pacientes. Los delegados que la asamblea ha convocado deben ser elegidos para estas tareas y responder ante los trabajadores que los eligen.
Las demandas incluyen un aumento del 10 por ciento sobre el salario base indexado a la inflación, dotación completa de personal y suministros, la restauración de la pensión de prestación definida para todos los trabajadores y un gasto en salud de al menos el 7 por ciento del PIB, financiado mediante la suspensión de pagos a los acreedores. Los trabajadores pueden forzar concesiones a través de la lucha de masas, pero cada demanda choca con un presupuesto y un gobierno supeditados a los bancos. En la lucha por estas demandas, los comités deben abrir las cuentas del IMSS y del sindicato y, a medida que la lucha avanza, convertirse en los órganos a través de los cuales los trabajadores ocupan los hospitales y los gestionan bajo su control, el inicio del poder obrero.
El movimiento ha roto correctamente con la burocracia del SNTSS, pero esta ruptura debe consolidarse. Limitarla a un plan legal, sin huelga y con un congreso bajo los estatutos del sindicato, refleja las ilusiones que Morena cultivó con su promesa de democracia sindical en la reforma laboral de 2019.
Las bases deben mantener el control de la lucha mediante la creación de comités democráticos, que a su vez deben conectar a los trabajadores del IMSS con los maestros y trabajadores petroleros que marchan junto a ellos y con los trabajadores de la salud a nivel internacional a través de la Alianza Internacional Obrera de Comités de Base.
Lo más fundamental es la cuestión de dirección política. La rebelión requiere liderazgo político: un programa socialista y un partido revolucionario de la clase trabajadora, una sección del Comité Internacional de la Cuarta Internacional en México.
El World Socialist Web Site insta a los trabajadores del IMSS y del IMSS- Bienestar que deseen crear estos comités y una dirección política revolucionaria a que se pongan en contacto con nosotros.
(Artículo publicado originalmente en inglés el 22/10/2026)
